La lectura como la conocemos actualmente vio su origen de la mano con la aparición de la escritura en el 3500 a. C, en aquella época se utilizaba la arcilla como soporte para graficar, contabilizar bienes y mercadería, y retener información considerada como importante, de tal manera que la lectura se basó durante muchos años en todo lo correspondiente a la comprensión de símbolos y códigos simples a los cuales solo accedía una pequeña porción de la población que sabía escribirlos, leerlos e interpretarlos (Guerra, 2020).
A través de los años, las diferentes civilizaciones desarrollaron una escritura cada vez más compleja y rica, ante la necesidad de trasmitir una mayor cantidad y calidad de información. A medida que la escritura se complejizó, la lectura se transformó en una actividad pública y oral. Los textos eran leídos en voz alta en la antigua Grecia y en el resto de Europa entre pensadores y monjes.
Durante siglos, las leyendas y las obras dramáticas llegarían a las masas por los relatos orales de expertos como rapsodas, trovadores o actores, cual audiolibro en la plaza. Además de religiosos y funcionarios, con el tiempo pasarían a descifrar y a crear manuscritos con tinta los nobles, comerciantes y autores. En esa época leer no solo implicaba saber las convenciones de caligrafía sino también entender la letra del escritor. La mayoría del pueblo sería incapaz de interpretar aquellos garabatos sobre el códice.
Tras la Antigüedad clásica y la Edad Media, en la Modernidad, las clases bajas poco a poco aprenderían a leer y a escribir. La imprenta (siglo XV), decenas de periódicos diarios, la librería, la escuela para todos o la biblioteca del pueblo son más recientes de lo que a menudo pensamos; es posible constatarlo hoy con los recuerdos de los mayores. De hecho, la alfabetización todavía no es universal (Mondragón et al., 2021).
La imprenta moderna surgida en el siglo XV permitió la difusión de textos, lo que facilitó el acceso a la lectura. La aparición de los signos de puntuación y la separación entre caracteres hizo que fuera más simple interpretar los escritos. Comenzó a desarrollarse una lectura individual y silenciosa que para el siglo XIX se extendió entre una gran cantidad de población.

